Por estos días,
donde los temas son mas de índole política , he decidido tratar uno que
desde hace un tiempo cuando tuve la oportunidad de verme enfrentada por primera
vez a el ,me pareció muy curioso y a la vez muy diciente de todos los procesos
que se dan tanto en lo urbano como en la vida, y es esa posibilidad de usar los
momentos de crisis como puntos de partida para la construcción, así pues , he decidió hablar
sobre el rumbo urbanístico que tuvo como punto de partida el “bogotazo”, por que es el mes propicio y por que todo el mundo habla de memoria y patrimonio, y pues porque aquel día Bogota vivió uno de los
momentos mas importantes de su historia y de los cuales se desprenden muchos de
los cambios sociales que han repercutido
tanto en el paisaje urbano como en el paisaje social, pero es el primero el que
nos convoca hoy, y para ello me voy a apoyar en Carolina
Ordóñez Acevedo, quien en su magnífico trabajo de tesis doctoral estudia el
desarrollo de uno de los ejes principales de Bogotá, inicialmente llamado
Camino de la Sal ,
luego Calle Real y más tarde "la Carrera Séptima ",
da cuenta tambien de la tremenda explosión urbana que se vio en la ciudad el día 9 de
abril de 1948. Es el llamado "bogotazo". Vale recordar que, aquel día
fue asesinado el exalcalde izquierdista Jorge Eliécer Gaitán, e inmediatamente,
como airada respuesta, se sucedieron durante horas incendios y saqueos que
dejaron como resultado una imagen devastadora. Durísimo. Hubo varios centenares
de muertos y heridos. La destrucción se dirigió especialmente al espacio
central de la ciudad, con 136 edificios quemados, pero la
pregunta a formular seria ¿la construcción posterior se dió en el sentido que hubiesen
querido los seguidores de Gaitan o él mismo?
No. Todo lo contrario. Los incendios afectaron a
30 manzanas, y desaparecieron edificios institucionales como el del Palacio de
Justicia, el Palacio Arzobispal, el Ministerio de Gobierno, el de Hacienda, el
Hospicio, etc., y otros civiles como el Hotel Regina. Algunos de los inmuebles
más representativos del régimen fueron pasto de las llamas, que también se
llevaron parte de la historia urbana construida. “A partir de este hecho se
gestaron una serie de cambios en la vida política del país –dice Carolina Ordóñez-
(...). La ciudad planeó la renovación urbana del área central, los terrenos que
antes ocuparon viejas casonas y otras edificaciones coloniales quedaron libres
para albergar nuevas construcciones”. Y de hecho, entre abril de 1948 y
diciembre de 1950 sobre esta Carrera Séptima (no sólo en el ámbito central) se
concedieron unas 500 licencias de construcción.
Pero, como decíamos, es significativo el sentido
de la renovación emprendida después del “bogotazo” En una parte del centro
urbano se aumentó la edificabilidad. “Los inversionistas aprovecharon el hecho
de que las edificaciones afectadas por el bogotazo estaban situadas entre las
calles 10 y 22, desde la carrera 2ª hasta la 13, un sector que, por contener
las principales instituciones de orden nacional, gubernamental y municipal, se
convertía en un área de oportunidad”. En la década de los 50 se inició allí un
cambio de imagen urbana radical. Precisamente allí, y en ese momento, se
comenzó a edificar en altura. Y también se modificaron los usos urbanos. Se
puso en marcha la transformación de la escala urbana.
La ciudad que se impulsó sobre los suelos
quemados no fue precisamente de impronta social. Por el contrario, se
aprovecharon los solares para emplazar nuevas corporaciones y nuevos modelos
residenciales. Porque gran cantidad de espacio vacante, sin una idea sobre qué
hacer con él, de nada vale. Se contaba con los planes de Karl Brunner (estuvo
en Bogotá entre 1934 y 1948), que en modo alguno podían prever una eventualidad
semejante. Y llegaron los de Le Corbusier (entre 1949 y 1951, desarrollados por
José
Luis Sert y Paul Lester Wiener), pero con una
orientación propia. Con este último, la nueva arquitectura moderna se vio
legitimada. Y por lo que conocemos, no hubo ninguna otra alternativa.
Hoy nos plantean otra alternativa, hoy ya no se
habla de renovación urbana , hablamos de revitalización urbana, respetando los
sentimientos que generamos frente a los espacios, las fuentes de agua y los
procesos participativos de la planeación de la ciudad. El centro sigue siendo
el escenario de todas esas apuestas, distritales, nacionales
e internacionales y nosotros y nosotras estamos llamados y llamadas a
hacer de esos planes una realidad socialmente sostenible, sin que nuestra queridísima
ciudad sea presa de las mas rapaces de las ambiciones que conduzcan lejos de lo
que hubiese querido Gaitan y que hoy profesa nuestro alcalde ( guardando las
proporciones) a seguir promoviendo la segregación espacial.
Hemos aprendido la lección, vale la pena poner a
tambalear las estructuras, vale la pena generar estados de crisis , para
construir , pero también la historia nos indica que casi siempre para hacer la
revolución urbana, suele ser de más utilidad no quemar nada.

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